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viernes, 11 de agosto de 2017

El arrepentimiento libera

En nuestra vida actual o en cualquiera de nuestras vidas pasadas hemos cometido errores, hemos fallado a alguien, hemos hecho daño (queriendo o sin querer). Toda esa negatividad, esa falta de amor, nos va pesando en nuestro verdadero Yo, en nuestra alma, hasta tal punto que puede llegar a ahogarnos si no limpiamos nuestra laguna interna de todo ese lodo y suciedad.
Jesus Christ Superstar

Por lo tanto, el arrepentimiento no tiene mucho que ver con el sentimiento de culpa, sino más bien es la forma que tenemos de aliviar el dolor que sentimos, que vivimos, por no haber sido capaces de amar lo suficiente, de comprender lo suficiente a nuestro prójimo y a nosotros mismos. Por medio del arrepentimiento somos capaces de “viajar en el tiempo” hasta el momento en el que cometimos el error y poder deshacer el mal realizado y erradicar de nuestra forma de ser la característica que lo ocasionó. Y esto último, es fundamental, pues si no borramos de nosotros ese carácter, no hay verdadero arrepentimiento.

Aquí cabría preguntarse ¿cómo aliviamos el dolor que sintió la víctima de nuestra mala acción? La clave está en que nadie es víctima de nadie, pues por la Ley de Causa y Efecto todos cosechamos lo que anteriormente hemos sembrado. Puede que esa persona en otra vida cometiera un error del cual ése era el resultado. Pero ¡cuidado!, no olvidemos que nosotros también recogeremos, en esta vida o en otra, lo que hayamos sembrado.

El dolor que ahora sentimos por haber infringido daño a alguien es la forma de limpiar, de borrar de nuestro carácter la cualidad negativa que nos hizo ser los portadores del mal a esa persona. También es cierto que ningún ser espiritualmente puro puede ser el emisario y ejecutor de una cuenta pendiente que tenga otro ser humano. Por tanto, a través del arrepentimiento verdadero podemos liberarnos de nuestra parte negativa, a la vez que conseguiremos que la Luz ilumine nuestro “cuarto oscuro” y así pueda resplandecer.

miércoles, 5 de julio de 2017

Nuestros juicios nos juzgan

“No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados... Porque con la medida con que midáis, se os medirá a vosotros”. (Lc. 6, 37-38)
La Letra Escarlata, de Roland Joffé

¿Quién no ha criticado y/o juzgado a alguien alguna vez? No me equivoco si digo que todos en algún momento nos hemos erigido en jueces del comportamiento y forma de ser de los que nos rodean. Sinceramente creo que las críticas constructivas son buenas, pues nos ayudan a evolucionar y a mejorar. Pero hemos de tener en cuenta que, por la Ley de Causa y Efecto, todas esas críticas, juicios y condenas que hagamos a los demás volverán a nosotros como si fueran un boomerang que hemos lanzado.

Puede tardar unos instantes, unos días, unas semanas o años, pero lo que está claro es que tarde o temprano tendremos que enfrentarnos a esos actos (juicios, condenas) que en su momento hicimos. Lo que también es evidente, es que según el nivel de tolerancia y exigencia que hemos tenido para con los demás, así será el rasante con que se nos medirá a nosotros.

"Yo tampoco te condeno"
Por supuesto, no quiero decir que haya que consentir el mal; más bien quiero decir que hay que combatir el mal con el bien. Debemos hacernos críticas constructivas y corregirnos amorosamente unos a otros, pero eso no significa debilidad a la hora de ayudar o ayudarnos a enderezar el camino. Como madre he puesto límites a mis hijos, les he enseñado a cumplir las normas y dentro de ese cumplimiento de las normas a intentar cambiar las que pueden estar mal o usarse inadecuadamente, y cuando el comportamiento no era el que debiera ser, pues había un castigo proporcional a la falta, todo ello desde el mayor amor y respecto por ellos. Ésa es la forma en la que deberíamos corregirnos y ayudarnos unos a otros.

Ahora mismo podemos estar en situaciones que hayamos provocado nosotros por nuestros juicios a terceros. La vida nos trae personas que están en un nivel evolutivo similar al nuestro y que cometen errores y “pecados” similares a los nuestros, entonces al emitir el juicio y, a veces, la condena, nos estamos enjuiciando y condenando a nosotros mismos.

Antes de criticar, enjuiciar y condenar a alguien miremos a quien está enfrente del espejo y pensemos antes de hablar.

lunes, 26 de junio de 2017

Causa y efecto, la Rueda del Karma

“Toda causa tiene su efecto, todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley”
El Kybalión.
Piratas del Caribe. Disney

Este sexto principio de las Leyes Universales, el de causa y efecto, es uno de los más conocidos y creo que de los peor entendidos. Es fácil entenderlo desde un punto de vista mental, pero otra cosa muy diferente es saberlo aplicar a nuestra vida. Todo lo que nos sucede (el efecto) tiene un origen (la causa), lo que quiere decir que la vida y el mundo no son caóticos.

Debemos de entender que cualquier cosa que nos suceda en nuestra vida la hemos generado nosotros mismos. Esto es fácil de entender cuando se trata de situaciones o experiencias positivas. Cuando aprobamos el examen para obtener el carnet de conducir, por ejemplo, no dudamos que somos nosotros los que con nuestro esfuerzo y dedicación lo hemos conseguido, no nos planteamos que haya sido la suerte, el profesor que hemos tenido o que el examinador tenía un buen día, le hemos caído bien y nos lo ha regalado. En cambio, cuando la situación que vivimos es negativa, sigamos con el mismo ejemplo, no hemos aprobado el examen del carnet de conducir, no nos planteamos que el problema ha sido que no hemos estudiado lo suficiente o que no hemos dado todas las clases prácticas que necesitábamos, sino que al examinador no le he caído bien o tenía un mal día y lo ha pagado conmigo, el profesor no me ha enseñado bien, etc., en este caso nunca pensamos que los responsables somos nosotros y sólo nosotros.

Lo que SÍ hemos de tener claro es que somos responsables de nuestra vida y de lo que nos pase en ella, pero NO somos culpables. Todo lo malo que nos suceda no es un castigo porque seamos culpables de “algo” (aunque no sepamos muy bien de qué). Lo “malo” es simplemente el efecto que ha sido generado por una causa, esa causa puede ser una decisión errónea, una actitud no acertada, unas palabras dichas de la peor forma o en el peor momento. Lo que hay que tener en cuenta es que esta causa puede haber sucedido hace dos días o hace dos vidas; es decir, un efecto que estamos sufriendo ahora puede tener su origen (causa) en una vida pasada, no necesariamente en esta existencia actual. Esto se debe a que el tiempo es algo ilusorio, lo único que importa es si tenemos cuentas pendientes y tenemos que realizar esos pagos (efectos negativos) o si, por el contrario, nuestras cuentas nos están dando intereses (efectos positivos). A la deuda que tenemos con nuestro destino la llamamos karma y a la recompensa que recibimos por nuestros buenos actos la llamamos dharma.
Shrek. Gato con botas.DreamWorks


La rueda del karma puede ser eterna. Por ejemplo, si en esta vida estás siendo víctima de alguien, puede que en la próxima tú te tomes venganza con esa persona por lo que te hizo en esta existencia, con lo que la rueda del karma seguirá girando sin detenerse nunca. ¿Qué hacer? ¿Cómo podemos parar esa rueda? Sólo hay una forma de frenarla y poder evolucionar y perfeccionarnos: Perdonar. El Perdón es lo único que disuelve el karma. El verdadero perdón no es fácil de otorgar, porque perdonar también significa olvidar el mal que te han infligido y eso es complicado. Hay que entender que aquí estamos para aprender y perfeccionarnos. El verdadero perdón nos dará la paz que nuestro espíritu necesita. Para perdonar de corazón nada como pedirlo a nuestro Padre, Dios. Cuando hagamos nuestra meditación o nuestras oraciones permanezcamos unos minutos en silencio pidiéndole, desde la más profunda humildad, que nos enseñe a perdonar. Tened la completa seguridad que así lo hará y lo sabréis porque su respuesta llenará vuestra alma, vuestro ser interior de luz, paz y armonía.

sábado, 10 de junio de 2017

Nuestra compañera la sombra

¿Qué significa la palabra sombra?:

  1. Imagen oscura que proyecta un cuerpo opaco sobre una superficie al interceptar los rayos de luz.
  2. Parte de un espacio a la que no llega la luz.

Vemos que la palabra sombra siempre define “algo” carente de luz o que no deja pasar la luz a través suyo. Aunque hoy vamos a hablar de la sombra como arquetipo, creo que estas definiciones nos muestran muy bien su significado.

Dentro de nosotros hay una parte donde no llega la luz, podríamos decir que es nuestro trastero, donde almacenamos todas las actitudes negativas e imperfecciones de nosotros mismos que no nos gustan o que consideramos que no están bien vistas por la sociedad. El problema de todo esto es que esa parte que desechamos no la podemos hacer desaparecer porque, sencillamente, es tan nuestra, es tan nosotros mismos como la parte “buena” que nos gusta potenciar. Entonces la guardamos en el trastero, en el “olvidadero” de nuestro ser para que no dé la lata. Pero seguimos sin integrar esa sombra, simplemente la hemos reprimido y tarde o temprano sale a la luz y desbarata todos nuestros buenos propósitos.

¿Qué hacer entonces con la sombra? Simplemente, integrarla. ¿Cómo? Reconociéndola, reconociendo nuestros defectos y ver la parte buena que tienen. Por ejemplo, la envidia es tremendamente devastadora para quien la posee, puede destruir por completo una vida, porque siempre nos vamos a encontrar a alguien que sea mejor que nosotros en algo y eso nos hace sufrir una y otra vez, nunca podemos estar en paz, nunca podemos descansar, nunca conseguimos nada que nos satisfaga. En cambio, hay lo que se podría llamar una envidia “sana” que es aquella que cuando sabemos que alguien es feliz porque ha conseguido una meta que se había propuesto, nos lleva a alegrarnos por esa persona y a trabajar con nosotros mismos para poder alcanzar también nuestras metas, es una envidia que nos incentiva para progresar, para evolucionar, para mejorar, no para competir. De esta manera, lo malo que conlleva ser envidioso lo hemos positivizado y lo hemos integrado en nuestra vida y en nuestro ser, ya no podrá hacernos daño nunca más.


Para hacer esta integración lo único que hemos utilizado ha sido una de las 7 Leyes Cósmicas, el Principio de Vibración. Hemos sido capaces de cambiar una vibración muy densa en otra más sutil. Hemos acabado con el desasosiego que genera la competición constante, aquí estamos para aprender. La vida es una escuela, no un concurso.

jueves, 8 de junio de 2017

El Juego de la Vida

“Todo fluye y refluye; todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación”.
                                                                                                                          El Kybalión.

Péndulo de Foucault. Museo de las Ciencias
Valencia. España.
Todo en el Universo y en la vida tiene un movimiento de avance y retroceso, similar a las olas en el mar. Y este movimiento, este ritmo al igual que se da en el mundo material, se da en el mundo mental y emocional, por lo tanto, nuestros pensamientos, nuestro humor, nuestro carácter también responden a este ritmo.

Aunque el problema no radica tanto en dónde esté situado el péndulo que marca nuestros ritmos, como en la actitud con la que enfrentamos la realidad que estamos viviendo en ese momento. ¿Por qué? Porque no nos damos cuenta de que en esta vida nada es para siempre, todo es temporal. Si ahora tu ritmo es de tristeza, de soledad, de incomprensión has de saber que esa situación no es eterna (a no ser que tú decidas con tu actitud hacerla interminable) y que lo importante es enfocarse en la solución, no en el problema.

La Rueda de la Fortuna
Tarot de Marsella
Por el contrario, si tu péndulo está ahora en el periodo de “vacas gordas”, ¡por favor, no te vuelvas loco! Tampoco este periodo será eterno, no siempre vas a tener ese estupendo sueldo o ese increíble trabajo o tu vida familiar va a ser totalmente armoniosa. Sí, debes disfrutar ese buen momento, por supuesto, pero “guarda para cuando no haya”. Es decir, durante ese tiempo de bonanza procura tomar la mayor ventaja posible. Si, por ejemplo, estás en un momento económicamente muy bueno, procura ahorrar para poder afrontar las “vacas flacas”.

Seamos capaces de ver que nuestra felicidad nunca va a depender de cosas externas (dinero, trabajo, vida social). La felicidad sólo depende de nosotros mismos, de lo centrados que estemos con nuestro plan de alma, de que estemos siendo fieles a nuestro camino y de que seamos conscientes de nuestra relación con Dios, nuestro Padre, y el resto se nos dará por añadidura. Al fin y al cabo, la vida es un gran juego donde sólo podemos ganar, porque aquí hemos venido a aprender.

Para finalizar, me gustaría recordar un poema de Santa Teresa de Jesús que dice:

“Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene
nada le falta.
¡Sólo Dios basta!”

jueves, 1 de junio de 2017

Lo único constante es el constante cambio

“Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”
El Kybalión

En este tercer principio de las 7 Leyes Cósmicas, Principio de vibración, podemos ver dos vertientes: todo se mueve (cambia) y todo vibra, a distintos niveles, en el Universo.

El primer punto de vista (todo se mueve/cambia) nos hace darnos cuenta de lo equivocados que estamos, por lo general, al plantearnos nuestra vida. Los seres humanos solemos apegarnos prácticamente a todo, queremos un amor para toda la vida, una casa que nos cobije hasta el final de nuestros días, un trabajo que nos dure hasta que nos jubilemos,etc., pero la verdad es que nada es para siempre. El amor puede que nos dure toda la vida, sin embargo, no podemos pretender que sea igual que el primer día, porque nosotros cambiamos, evolucionamos con las experiencias que vivimos en nuestra existencia. La casa, el trabajo, los amigos, igual, al evolucionar lo que hoy es perfecto, mañana no tanto.

Además, si pretendemos que nada cambie, que todo siga igual, estamos yendo contra las Leyes Universales y ¿qué sucede entonces?, pues que el Universo (llámalo Dios, Ser Superior, Creador..., como mejor lo sientas) nos hace cumplir las leyes y, sí o sí, pasamos por las experiencias necesarias para nuestra evolución. Por lo tanto, acabemos con los apegos y los miedos, no vayamos contra corriente, sino que fluyamos integrados en el río de la vida, de la existencia, del ser.

La segunda vertiente (todo vibra) nos habla de que todo lo que existe es la manifestación de una energía, de una fuerza espiritual, pero con distinta vibración. En la dicotomía Espíritu/Materia podemos decir que ambos elementos son lo mismo pero con distinto nivel vibracional. El Espíritu tiene una vibración infinitamente más elevada que la Materia, cuya vibración es muy densa y si nosotros nos movemos en ese nivel denso va a ser muy difícil que nos podamos realizar, porque lo que realmente vale la pena no es material ni se puede comprar con dinero.
El árbol de la vida. Terrence Malick

También se puede aprender a subir el nivel de vibración, sólo necesitamos humildad y pedir de corazón desde esa humildad, sabiendo que solos no podemos nada. Por ejemplo, tenemos una vibración densa cuando la tristeza se instala en nuestra vida, cuando no tenemos fe en Dios y en el proceso de la vida, cuando no queremos entender que nuestra existencia en la materia es nuestra escuela para evolucionar, cuando no nos reconocemos como lo que realmente somos, Hijos de Dios. Por el contrario, nuestra vibración es alta cuando somos conscientes de nuestro Plan de Alma y lo manifestamos, cuando tenemos fe y certeza interna, cuando entendemos que nuestras experiencias (buenas o malas) en este plano existencial son para nuestro perfeccionamiento, en fin, cuando compartimos nuestros dones con los demás y nos liberamos de nuestros miedos.

Comencemos a vibrar conscientemente.


lunes, 29 de mayo de 2017

Microcosmos y Macrocosmos

“Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”
El Kybalión

Con esta frase se define el Principio de Correspondencia, uno de los más conocidos de las 7 Leyes Cósmicas, que nos explica que hay una correspondencia entre el macrocosmos y el microcosmos, entre lo divino y lo humano.
La sibila délphica, Capilla Sixtina, Michelangelo.

Hay muchos planos de la existencia, de la realidad que no nos es posible conocer por nuestras limitaciones, pero si aplicamos este principio logramos descorrer el Velo de Isis, para así poder vislumbrar y empezar a comprender una sustantividad que de otra manera nos sería incomprensible por la magnitud en la que se desarrolla.

Por medio de este principio podemos entender lo que ocurre en el Universo con solamente conocer lo que sucede en una de sus partes. O lo que es lo mismo, entender una parte para comprender el Todo. Un buen ejemplo de esta Ley Cósmica lo tenemos en la naturaleza y son los llamados fractales.

Este principio también podría definirse con la siguiente máxima: “Como adentro es afuera; como afuera es adentro”, cuando nos referimos al ser humano. Ya que cuando vemos el comportamiento de una persona en el mundo material, podemos vislumbrar cómo es y cómo está su mundo espiritual y mental. Por ejemplo, una persona que en su vida cotidiana es extremadamente ordenada y estructurada, podríamos decir que mentalmente es bastante rígida en sus ideas y acepta de mala gana los cambios y las ideas que no concuerden con las suyas, en el plano espiritual se la podría denominar como un poco dogmática. Por el contrario, cuando tenemos a una persona un tanto desordenada en su vida externa, podemos concluir que en su vida y su mundo mental y espiritual reina cierto caos.

Quiero acabar esta reflexión con la frase que aparece en el Oráculo de Delfos y que se ha ganado el más alto prestigio filosófico, ya que encierra un profundo significado que trasciende el tiempo: “Conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los dioses”.

martes, 16 de mayo de 2017

Todo es Mente

El TODO es Mente; el Universo es mental
El Kybalión.

El hombre del vitruvio, Leonardo Da Vinci
Éste es el Primer Principio de la Leyes Cósmicas, el Principio del Mentalismo. El Todo es la realidad que subyace en todas la manifestaciones que conocemos como universo, materia, energía... El Todo es El Espíritu, o si lo prefieres Dios, el cual es incognoscible e indefinible, pues si lo pudiéramos definir perdería su propia esencia. Lo que sí podemos decir es que Dios es Mente, la Gran Mente infinita, universal y viviente donde se creó todo lo que conocemos, todo lo que sentimos. Nosotros fuimos creados por esa Gran Mente y en ella nos desarrollamos, vivimos y somos.

El Ser Humano, que fue creado a la imagen y semejanza de Dios, también puede crear. Para realizar sus creaciones, el ser humano utiliza los materiales que tiene a su disposición, pero el primer paso para la creación es “verlo”en nuestra mente. Si está en la mente, acabará en nuestras manos.

Por lo tanto, todo es mental, el Universo es mental, luego entonces cada experiencia, cada acción, cada manifestación que vivimos en nuestra vida material depende de nuestros pensamientos. No importa tanto lo que nos suceda, sino cómo vivimos y experimentamos eso que nos sucede. Nuestra vida será mejor o peor dependiendo de la percepción que tengamos del mundo y esa percepción se puede “educar” si nos planteamos la vida como una escuela donde venimos a aprender de nuestros errores, no como una competición donde el objetivo es ganar.

El Código Da Vinci, Dan Brown
Todas las creencias que tengamos de nosotros mismos será lo que manifestemos a los demás. Créete una persona buena, con suerte, merecedora y a tu alrededor tendrás situaciones y personas que concuerden con esa creencia. Si por el contrario, crees que tu vida no vale la pena, que todo es una basura, eso y sólo eso será lo que encuentres en tu camino.

Lo que tenemos que aprender de este Principio es que deberíamos ser capaces de controlar nuestros pensamientos. ¿Cómo? Ante cualquier situación no dejemos a nuestra mente parlotear descontroladamente sobre el horror que estamos sintiendo, démonos cuenta de cual es la realidad que estamos viviendo en ese momento, puede que no nos guste, pero cualquier cosa siempre tiene dos polos, positivo y negativo. Veamos ese polo positivo para comprender cuál es la enseñanza que esa vivencia nos trae y aprender. No hay que sentirlo como una derrota, sino como un aprendizaje para mejorarnos y mejorar la vida.

domingo, 14 de mayo de 2017

Ego vs. Espíritu

Creo que la dicotomía se explica sola si partimos de la base de que bueno/malo, amor/odio, Ego/Espíritu son la misma cosa pero con distinta vibración. Sin embargo, profundicemos un poco más.
El Mago de Oz, película

El ego es una parte imprescindible de nuestra identidad en este plano material en el que ahora mismo existimos, porque aquí somos tanto materia como espíritu y tenemos que desarrollar nuestra vida espiritual en y a través de la materia.

Nuestra tarea fundamental es mantener la armonía y el equilibrio entre las dos partes que nos conforman: materia y espíritu. El problema comienza cuando una de las dos partes toma el mando: si tenemos un exceso de espiritualidad sin querer dar su espacio a la materia, empezamos a vivir “en las nubes”, no tenemos los pies en el suelo y nuestra vida deja de ser real, vivimos alelados, absolutamente fuera de este mundo, pero sin dejar de ser seres materiales. Eso no es bueno ni para nosotros ni para la sociedad, porque de esa manera no avanzamos ni hacemos avanzar a nadie.

El Avaro de Molière, RTVE
Si por el contrario, el mando lo toma nuestra parte material, el resultado no es mejor. Nuestra vida se transforma en un simple intento de supervivencia, porque los miedos y las carencias se apoderan de nosotros. Comenzamos a actuar de forma egoísta, lo único que nos importa es poder llenar nuestras carencias y para conseguirlo nos da igual pasar por encima de lo que sea necesario, cosificamos todo y a todos para así poderlos usar y tirar cuando ya no nos sirvan, esta forma de actuar se define con la famosa frase: “el fin justifica los medios”. Aquí podemos decir que nuestro ego es infértil, es negativo, es retrógrado, es nuestro enemigo.

Sin embargo, cuando logramos la armonía entre la vida espiritual y la vida material, cuando logramos que el espíritu se manifieste a través de la materia, es cuando nuestro ego es nuestro más fiel compañero de vida, es un ego fertilizado por el Espíritu que da frutos y que es el medio por el cual hacemos realidad el Plan de Dios para la Humanidad: traer el Cielo a la Tierra.


domingo, 30 de abril de 2017

¿Qué es la vida?... Equilibrio.

El Principio de Polaridad dice:

“Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos; los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”
El Kybalión.
Sol y Luna

Vivimos en un mundo dual: materia/espíritu, luz/oscuridad, amor/odio, vida/muerte, alegría/tristeza, bien/mal. Nos movemos de un extremo al otro, con tensión a nuestro alrededor, porque la dualidad genera tensión, disociación, separación.

Como se dice popularmente “los extremos se tocan”. Los extremos de una polaridad son lo mismo, pero con distinta vibración. Va de lo más sutil (Espíritu) a lo más denso (Materia). Por eso, al ser los dos extremos de una misma realidad se pueden transmutar uno en otro. Por eso es fácil transformar el odio en amor y viceversa. Es el “arte de polarizar”.

Este principio de polaridad permite considerar los escollos de la vida en su justa medida, pues posibilita que una situación conflictiva se pueda cambiar gradualmente en su contrario. Éste es el principio de la Alquimia.

Cuando estemos viviendo una situación extrema, o sea, que cuando nos hallemos en uno de los polos y queramos revertir o neutralizar la situación, tenemos que empezar a crear la energía de la polaridad opuesta a la que nos encontremos. Así llevaremos nuestro “termómetro” a su punto medio. Para conseguir esto, siempre tenemos que trabajar con elementos de la misma naturaleza, porque lo único que tenemos que cambiar es el nivel de vibración.

¿Por qué debemos aprender a armonizar los opuestos? Porque no podemos ser felices en el mundo material si no cuidamos nuestra vida espiritual, al igual que no podemos tener una vida espiritual adecuada si no tenemos una vida material ordenada. Porque en esta existencia debemos tener equilibrio si queremos evolucionar. Porque si queremos llegar al estado de paz y armonía en el que Dios ES, debemos encontrar la unidad en todo lo que nos rodea. Los extremos deben ser conciliados si queremos tener una vida armoniosa y equilibrada.

lunes, 10 de abril de 2017

El Desapego

El desapego es uno de los principales caminos para alcanzar la paz interna, la realización y la libertad, aunque también es cierto que es uno de los caminos más difíciles de transitar.
Hermano Sol, Hermana Luna. Franco Zeffirelli

Desapego no significa que tengamos que renunciar a nuestras metas, sino que renunciamos al interés por el resultado. El apego se basa en el miedo y en la inseguridad, es producto de la sensación de carencia que nuestro ego nos ha creado, por eso sólo se interesa por los signos externos, por lo material (dinero, un buen coche, una casa cara...). El ego nos hace creer que cuantas más posesiones materiales tengamos, más seguros estaremos, pero la realidad es otra muy distinta, cuanto más dinero (o posesiones) se tenga, más miedo a perderlo se tiene. El apego no quiere cambios y cambio significa evolución. Cuando no se evoluciona todo se estanca y se pudre.

Podemos estar apegados a cosas o a personas. Cuando no somos capaces de dar un paso sin que esa persona especial esté con nosotros y nos dé su beneplácito, cuando no dejamos que esa persona, con la que nos unen lazos afectivos, tenga la libertad suficiente para tomar sus propias decisiones (aunque se equivoque) y la obligamos a que, de una manera u otra, nos consulte cada paso que vaya a dar en la vida, todo eso es apego. Ese apego, que como ya hemos dicho es miedo a la pérdida, lo que nos puede generar es justo lo que tanto tememos, que esa relación se destruya y esa persona desaparezca de nuestra vida.

Hermano Sol, Hermana Luna. Franco Zeffirelli
El desapego se basa en el poder incuestionable del verdadero Yo, del Yo interior, del Yo superior. Cuando renunciamos al interés por el resultado, renunciamos al deseo, que la mayoría de las veces confundimos con la necesidad y que nos lleva a perseguir metas que no son las que realmente nos satisfacen. Esa renuncia nos hace estar más relajados, con más confianza en nuestras potencialidades, por lo que nos resulta más fácil conseguir lo que de verdad deseamos. El desapego implica no depender de nuestras posesiones materiales o de las personas con las que tenemos vínculos afectivos, lo cual no significa no amar o no apreciar lo que hay en nuestra vida, sino comenzar a vivir de una manera más libre, más plena, sin inseguridades malsanas y sin el temor a la pérdida, porque si algún día esas personas o esas cosas materiales que creemos poseer ya no están en nuestra vida será para bien. Siempre es para bien.

Seamos libres y confiemos en el proceso de la vida.

“Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt. 6, 28-29)